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Hilos Invisibles que Unen o Atan

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Fotografía
Tomada de Freepik

Reconocer estos patrones no significa quedarnos atados al pasado, sino abrir la puerta a la sanación

Nuestros primeros vínculos dejan huellas profundas que influyen en la forma en que nos relacionamos en la adultez. Los distintos tipos de apego nacen de la infancia y pueden convertirse en heridas invisibles que marcan nuestras relaciones afectivas, generando miedo al abandono, dificultad para confiar o por el contrario, la capacidad de amar con seguridad. Por eso, reconocer estos patrones no significa quedarnos atados al pasado, sino abrir la puerta a la sanación. Trabajar en nuestras heridas de infancia es un acto de amor propio y de cuidado de la salud mental: nos permite transformar el dolor en crecimiento y construir vínculos más sanos, libres y conscientes.

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